SOPICIDIOS
Caso real · Expediente #16
Caso real #16

La criada irlandesa de Richmond

Richmond · 1879 — «El robo de una identidad»
La criada irlandesa de Richmond, Kate Webster 1879
RETRATO OFICIAL DE LA CRIADA (KATE WEBSTER) Y SU AMA (MRS THOMAS)

Los suburbios de Londres y la vulnerabilidad de las viudas

Los suburbios del Londres victoriano tardío, con sus casas de ladrillo rojo y sus jardines cuidados, eran el refugio de una clase media y alta que buscaba la tranquilidad lejos del ruido y el caos de la ciudad. En estos barrios tranquilos vivían muchas viudas acomodadas, mujeres que habían sobrevivido a sus maridos y que vivían de las rentas o los ahorros acumulados durante años de matrimonio con un hombre próspero.

Estas viudas solían depender del servicio doméstico para la gestión de su casa, y en particular de las criadas que cocinaban, limpiaban y en muchos casos se convertían en sus únicas compañías cotidianas. Era una relación de dependencia mutua que en la mayoría de los casos funcionaba perfectamente pero que, en casos excepcionales, podía volverse peligrosa.

Kate Webster: la criada con antecedentes

Kate Webster era una mujer irlandesa de unos treinta años con un pasado que su nueva empleadora, Julia Thomas, desconocía completamente cuando la contrató. Webster había pasado varios períodos en prisión por robos y otros delitos menores, y tenía fama entre quienes la conocían de ser violenta y de carácter inestable.

Julia Thomas era una viuda de Richmond que vivía sola en su casa y que había contratado a Webster como criada interna. La relación entre las dos mujeres fue conflictiva desde el principio: Thomas era exigente y perfeccionista en la gestión de su hogar, mientras que Webster era desordenada, propensa a ausentarse sin permiso y resentida con la autoridad de su empleadora.

Los enfrentamientos eran frecuentes y cada vez más agrios. Thomas amenazó repetidamente con despedir a Webster, y Webster respondía con una actitud cada vez más hostil y amenazadora. Era una situación que se encaminaba hacia un punto de ruptura.

El crimen y el robo de identidad

En febrero de 1879, la situación llegó a su punto final. Webster atacó a Julia Thomas en la casa de Richmond, la mató y procedió a lo que los historiadores del crimen describen como uno de los intentos de eliminación de un cadáver más extremos y perturbadores de la historia criminal victoriana: descuartizó el cuerpo de su empleadora, hirvió partes de él y tiró los restos en el río Támesis y en varios contenedores de basura de la zona.

Pero lo más extraordinario de lo que hizo Webster después del crimen no fue la eliminación del cuerpo sino lo que intentó hacer a continuación: hacerse pasar por Julia Thomas. Se quedó en la casa, comenzó a usar la ropa de su empleadora, invitó a conocidos a visitarla presentándose como la señora Thomas y procedió a vender sistemáticamente los muebles y objetos de valor de la casa como si fueran suyos.

Este intento de robo de identidad, que en términos modernos reconoceríamos perfectamente, era en 1879 algo suficientemente inusual como para desconcertar a los investigadores inicialmente. Webster no solo había matado a su empleadora sino que había intentado literalmente convertirse en ella, apropiarse de su vida, su casa y su posición social.

El descubrimiento y la fuga

Lo que hizo saltar las alarmas fue la ausencia de Julia Thomas en la iglesia y en sus círculos sociales habituales. Sus amigos y conocidos comenzaron a notar que la mujer que vivía en su casa y que afirmaba ser ella no se comportaba como Julia Thomas: tenía un acento diferente, no reconocía a personas que Thomas habría conocido, y su manera de hablar y comportarse era completamente distinta.

Las sospechas se intensificaron cuando comenzaron a aparecer en el río Támesis restos humanos que la policía identificó eventualmente como pertenecientes a Julia Thomas. Webster, que había entendido que su plan se estaba derrumbando, huyó a Irlanda llevando consigo todo lo que había podido vender de la casa de Thomas.

La investigación policial la siguió hasta Irlanda, donde fue arrestada en casa de unos familiares. Su extradición a Inglaterra y el posterior juicio en el Old Bailey completaron uno de los casos más bizarros y perturbadores de la época victoriana.

El juicio y la horca

El juicio de Kate Webster se celebró en julio de 1879 y la declararon culpable del asesinato de Julia Thomas. Fue ahorcada el 29 de julio de 1879 en la prisión de Wandsworth.

El caso tuvo un epílogo extraordinario más de un siglo después: en 2010, durante unas obras de construcción en el jardín de la antigua casa de Julia Thomas en Richmond, los trabajadores encontraron un cráneo humano que los análisis forenses modernos identificaron como perteneciente a la víctima. Era la parte del cuerpo de Julia Thomas que Webster no había podido destruir ni deshacerse de ella de otra manera y que había permanecido enterrada en el jardín durante ciento treinta años.

El legado: el robo de identidad como crimen

El caso Kate Webster es uno de los primeros ejemplos documentados en la historia criminal inglesa de lo que hoy llamamos robo de identidad, aunque llevado a un extremo que va mucho más allá de lo que ese término connota normalmente. Webster no solo robó el dinero y los objetos de valor de su víctima sino que intentó apropiarse de su identidad completa, de su lugar en la sociedad, de su nombre y de su existencia.

Este aspecto del caso fascina a los criminólogos modernos porque anticipa de manera sorprendente algunas de las formas más extremas de criminalidad contemporánea. La motivación de Webster, la combinación de codicia, resentimiento y oportunismo, es perfectamente reconocible desde una perspectiva psicológica moderna.

Sopicidios · Casos Reales — Expediente #16: La criada irlandesa de Richmond.