El Madrid de la Restauración y la obsesión periodística
El Madrid de 1888 era una ciudad que comenzaba a despertar a la modernidad con la lentitud característica de la España de la Restauración. Los periódicos proliferaban, la clase media crecía y con ella el apetito por los escándalos que alimentaban las páginas de los diarios. El crimen, especialmente el crimen con misterio, con ambigüedad moral y con personajes de todas las clases sociales, era el entretenimiento favorito de una sociedad que no tenía televisión ni radio pero que tenía una prensa ávida de sensaciones.
Ningún caso alimentó esa sed de sensaciones como el crimen de la calle de Fuencarral.
La noche del crimen
La madrugada del 2 de julio de 1888, doña Luciana Borcino, una viuda acomodada que vivía en un piso de la calle de Fuencarral en Madrid, apareció muerta y medio quemada en su habitación. El fuego había sido aparentemente intentado para destruir las evidencias del crimen, pero había sido apagado antes de que consumiera completamente el cuerpo.
La única persona presente en el piso en el momento de los hechos era Higinia Balaguer, la criada de doña Luciana. Higinia aseguraba haber dormido profundamente durante toda la noche sin escuchar nada, lo que resultaba inverosímil dado el fuego y los gritos que los vecinos del edificio afirmaron haber escuchado.
El hijo de doña Luciana, José Vázquez Varela, estaba en la cárcel cuando ocurrió el crimen, cumpliendo condena por estafa.
La obsesión nacional
Lo que convirtió el crimen de Fuencarral en un fenómeno cultural fue la cobertura periodística que siguió al descubrimiento del crimen. Los periódicos madrileños comenzaron a publicar cada rumor, cada declaración, cada detalle del caso con una intensidad que pronto desbordó los límites del periodismo informativo para entrar en el territorio de la especulación y la propaganda.
El público madrileño se dividió apasionadamente entre quienes creían en la culpabilidad de Higinia y quienes señalaban al hijo encarcelado, José Vázquez Varela, como el verdadero instigador del crimen. Las tertulias en los cafés, los debates en los periódicos y las conversaciones en los mercados giraban en torno al caso con una constancia que hoy nos resultaría reconocible en los grandes casos mediáticos.
Un periodista joven llamado José Nakens convirtió su campaña a favor de Vázquez Varela en una cruzada que le proporcionó una enorme popularidad. Argumentaba que Higinia había sido manipulada por el hijo para matar a su propia madre y que el verdadero culpable estaba en la cárcel mientras la criada cargaba con toda la responsabilidad.
El juicio y las versiones cambiantes
El juicio de Higinia Balaguer fue uno de los más complejos y mediáticamente intensos de la España de la Restauración. La acusada cambió su versión de los hechos en múltiples ocasiones, implicando primero a Vázquez Varela como instigador del crimen, luego retractándose, luego volviendo a acusarlo.
Esta inestabilidad en las declaraciones de Higinia fue interpretada de maneras completamente opuestas por los distintos bandos del debate público: sus defensores la veían como evidencia de que estaba siendo presionada para proteger al verdadero culpable, mientras que sus acusadores la interpretaban como la incoherencia de alguien que intenta construir una defensa falsa.
Las pruebas físicas apuntaban hacia Higinia: era la única persona presente en el piso, su historia era inverosímil y algunos detalles del crimen sugerían que la autora conocía bien la casa y a su víctima.
El tribunal la encontró culpable de asesinato. Fue ejecutada a garrote vil el 19 de julio de 1890, en una de las últimas ejecuciones públicas celebradas en España. La ejecución atrajo a una multitud enorme y generó debates que continuaron durante años sobre la culpabilidad real de Higinia y el papel del hijo en el crimen.
El legado: el periodismo de crimen y la opinión pública
El caso Fuencarral es extraordinariamente importante en la historia del periodismo español. Fue uno de los primeros casos en que los periódicos no solo informaron sobre un crimen sino que intentaron activamente influir en el resultado del proceso judicial, movilizando a la opinión pública en favor de una u otra versión.
Este papel activo de la prensa en los grandes casos criminales, que el caso Fuencarral inauguró de manera espectacular en España, se convertiría en una constante de la historia criminal y periodística española durante el siglo siguiente.
El caso también planteó preguntas que no encontraron respuesta definitiva sobre la culpabilidad real de los protagonistas. La posibilidad de que Higinia hubiera sido efectivamente manipulada por Vázquez Varela para matar a su madre, y que el verdadero instigador del crimen hubiera escapado a la justicia, es una sombra que ha acompañado al caso durante más de un siglo.